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Modelo Argentino para el Proyecto Nacional Deportivo

Por: Nicolás Schamó (Presidente del Club Social y Deportivo Justicialista – Diplomado en Política y Gestión Deportiva UNSAM)

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En tiempos de ajuste, desinversión y fragmentación social, el deporte vuelve a estar en disputa. No sólo como práctica individual o espectáculo masivo, sino como una herramienta de inclusión, salud pública, trabajo, desarrollo local y soberanía cultural. La pregunta ya no es si el deporte debe ocupar un rol dentro de un proyecto político, sino qué rol y al servicio de quién.

Esta discusión tiene raíces profundas en la tradición argentina. Lejos de concebir al deporte como un entretenimiento, Juan Domingo Perón lo integró a un proyecto de Nación. En su mensaje de 1974 (recuperado por la Biblioteca Nacional y que llego a mis manos gracias a los amigos de Museo Justicialista) [1] definió al deporte como “la más importante de las actividades sociales que realiza el hombre para el mantenimiento de su salud física y espiritual”. Lo entendió como práctica educativa, sanitaria y comunitaria; como espacio donde se cultiva el carácter, la disciplina y la solidaridad; como herramienta preventiva frente a flagelos sociales; y como territorio de construcción de ciudadanía.

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Allí en ese pequeño librito se rescata una advertencia central del General:
“Ya no es el ocio lo que destruye a las sociedades, sino el ocio mal encauzado. Y la más peligrosa de las actividades ociosas es aquella que se realiza sin control del Estado”.

Este planteo es decisivo: para Perón, el deporte no sólo organiza el tiempo libre, sino que ordena la vida social, fortalece vínculos comunitarios y actúa como herramienta preventiva frente a la marginalidad, la dispersión y la pérdida de sentido colectivo. Un Estado ausente genera espacio para vicios, violencias y disciplinamientos externos; un Estado presente convierte el deporte en una gran escuela de valores y comunidad.

“El deporte es, indudablemente, la mejor escuela para la formación del alma. Son los valores espirituales los que se cultivan con el deporte. Eso es lo que nosotros pretendemos al dedicarle una gran parte de nuestra actividad, especialmente al deporte infantil y juvenil.” JDP

Perón también sostenía que “el abandono de los lugares de deporte es el abandono de la juventud y del hombre argentino”. La falta de inversión, la mercantilización y el deterioro de las instituciones deportivas (Clubes, playones, polideportivos, escuelas deportivas barriales) no son problemas administrativos: son retrocesos civilizatorios, porque rompen la trama social y destruyen espacios de organización popular.

Dice Perón: “Recuerdo que, en el año 1953, se presentó un día Pettinato  que era el jefe del Servicio Penitenciario, y me dijo: “mi General, hay que hacer algo, porque nos estamos quedando sin presos”… Creo que tenemos que volver a hacer algo para quedarnos sin presos, y eso se puede hacer tanto en la escuela primaria, secundaria y universitaria, pero se puede lograr de la mejor manera en los campos de deportes. Los deportistas no son jamás hombres con inclinaciones hacia ningún tipo de delincuencia. El cultivo del espíritu es paralelo al cultivo del cuerpo; por ello pienso, y lo hemos de hacer así, que hay que dar la más extraordinaria importancia posible al deporte popular, para que todos puedan practicarlo.”

Esta concepción peronista no es nostalgia: es una clave interpretativa para el presente y el proyecto a futuro. Hoy, cuando el país atraviesa un ciclo de ajuste y privatización encubierta de bienes públicos, el deporte vuelve a ser un terreno de disputa ideológica. De un lado, la visión que lo reduce a espectáculo televisivo o negocio de plataformas; del otro, la visión que lo concibe como derecho social, infraestructura de comunidad, motor de movilidad social ascendente, y núcleo de soberanía cultural, como ya planteaban Perón y Eva en los 40 y 50.

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Este artículo propone entonces una hoja de ruta para repensar el deporte desde una mirada nacional, popular y profundamente peronista. Una mirada donde el deporte social sea columna vertebral de una política deportiva federal; donde el club de barrio sea considerado institución estratégica del bienestar; donde el Estado intervenga para garantizar el acceso, la infraestructura, el financiamiento y el trabajo digno; y donde el deporte vuelva a ser (como quiso Perón) una herramienta para organizar el pueblo, fortalecer la Nación y proyectar un futuro común.

El deporte como política de Estado

El peronismo no concibe al deporte como mercancía ni como propaganda. Frente al modelo mercantilista estadounidense (donde todo se mide en rédito comercial) y a la mirada instrumental de la antigua Unión Soviética (que lo usaba como propaganda), el justicialismo planteó una tercera posición: el deporte como derecho del pueblo y herramienta de transformación social [2].

Esta visión se articula con experiencias como las de Medellín, Colombia, donde proyectos como las Bibliotecas-Parque y las UVAS [3] dieron origen al concepto de “acupuntura social” [4]: pequeñas intervenciones urbanas con alto impacto comunitario. Inspirados en esa lógica, proponemos una política deportiva con cinco ejes integrados.

1. Casa propia para los clubes

El primer paso es el acceso al suelo. Proponemos asegurar el traspaso de tierras fiscales ociosas (ya relevadas por la Agencia de Administración de Bienes del Estado – AABE) a clubes con personería jurídica, y acompañar en paralelo la regularización de aquellos que aún están en proceso. Porque la casa propia no es sólo infraestructura: es identidad, inserción territorial, pertenencia y comunidad.

2. Financiamiento estable y progresivo

Con título en mano, el siguiente desafío es dotar de recursos constantes y específicos al deporte social. Proponemos modificar la Ley 27.346 [5] para que el impuesto a las apuestas online se destine de forma exclusiva a infraestructura y equipamiento deportivo comunitario.

Destinar el impuesto a las apuestas online al financiamiento del deporte social no es sólo una decisión fiscal: es una política de salud pública. Porque si el juego que genera costos sociales crecientes y es siempre una actividad que el Estado debe regular, resulta lógico que los recursos que produce se orienten a fortalecer los clubes, la actividad física y los espacios comunitarios que justamente previenen sedentarismo, adicciones, aislamiento y problemas asociados al abuso del juego.

Este tributo permitiría impactar directamente en el empleo y la inclusión territorial. Existen más de 6.100 clubes registrados y relevamientos señalan cerca de 12.000 entidades deportivas en todo el país [6]. Estos espacios generan empleo directo (profesores, mantenimiento, limpieza) e indirecto (proveedores, transporte, comercios). Estimaciones de recaudación del impuesto hablaban de más de $1.000 millones anuales [7]. Es hora de que ese dinero vuelva a donde se gesta el verdadero deporte argentino.

3. Urbanismo con los clubes adentro

La tercera etapa propone que los clubes estén en el centro del diseño de nuevos barrios. Que el Estado planifique con sentido comunitario: articulando vivienda, deporte, cultura y salud. Para eso, se requiere una sinergia activa entre los ministerios de Vivienda y de Deporte/Cultura. Aquí es donde se vuelve al concepto de “acupuntura social”.

4. Trabajo digno en el deporte

Miles de trabajadores y trabajadoras sostienen cotidianamente los clubes: profesores, administrativos, personal de limpieza, mantenimiento y seguridad. Muchos están en la informalidad. Proponemos un plan integral de regularización laboral, con incentivos fiscales para clubes y entidades deportivas, formación profesional con acceso a carreras/posgrados y articulación entre el Ministerio de Deportes, Ministerio de Trabajo, Ministerio de Educación, ARCA (ex AFIP) y UTEDYC.

5. Autonomía y fortalecimiento del ENARD

La última etapa plantea la restitución del artículo derogado de la Ley 26.573 para devolver autonomía plena al ENARD con su correspondiente financiamiento proveniente del 1% de las facturas de la telefonía móvil que con el macrismo paso de asignación exclusiva del deporte a las arcas indiscriminadas del estado nacional.

A esto se suma una dimensión estratégica: Argentina no necesita sociedades anónimas para exportar talento. Desde los clubes de barrio podemos formar deportistas con calidad humana y técnica para insertarse en las principales ligas del mundo. Que ese valor agregado retorne a los clubes es clave para cerrar un ciclo virtuoso de reinversión comunitaria.

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¿Por qué Argentina sigue siendo potencia?

Con presupuestos mucho menores a los de otros países, seguimos siendo una rara avis en el deporte global. Campeones en fútbol, tenis, rugby, natación, automovilismo… ¿Cómo lo hacemos? Porque tenemos miles de clubes distribuidos en todo el territorio: verdaderas usinas de talento, inclusión y organización popular.

Entre 2003 y 2015, la Argentina vivió la etapa de mayor expansión histórica del deporte social y del alto rendimiento desde el retorno democrático. Esto no fue casual: fue el resultado de políticas públicas concretas. Durante esos años, el gobierno nacional fortaleció a más de 6.000 clubes de barrio mediante el programa Nuestro Club, financiando obras de infraestructura, regularización administrativa y mejora edilicia. Se relanzaron los Juegos Nacionales Evita, que pasaron de 6.000 participantes en 2003 a más de un millón de jóvenes movilizados anualmente entre etapas locales, provinciales y nacionales, convirtiéndose en la mayor política deportiva comunitaria del país. A ello se sumaron programas como Deporte para Todos y Argentina Nuestra Cancha, que construyeron y refaccionaron cientos de playones, polideportivos y canchas en articulación con municipios y organizaciones sociales. En 2009 nació el ENARD, financiado por un porcentaje de las facturas de telefonía celular, lo que permitió triplicar el presupuesto del alto rendimiento y profesionalizar el apoyo a atletas olímpicos y paralímpicos, alcanzando en Londres 2012 la mejor actuación argentina en seis décadas. Finalmente, en 2015 se sancionaron las leyes 27.201 y 27.202, que dieron origen al ENADED y a la Asignación Universal por Hijo en el Deporte, garantizando acceso e infraestructura desde la infancia. Aunque el Frente de Todos no logró sostener ese impulso inicial, es justo reconocer programas como Clubes en Obra, que permitió salvar a cientos de instituciones en plena crisis. Todo este ciclo consolidó al deporte como política integral de justicia social, ampliación de derechos y desarrollo territorial.

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¿Qué modelo deportivo queremos?

Así como se discute una política industrial soberana o una reforma fiscal progresiva, debemos preguntarnos con seriedad: ¿Qué modelo deportivo queremos?

Porque no intervenir también es una decisión política. Y en este caso, es tomar partido por una lógica privatista, elitista y expulsiva, que vacía de contenido comunitario al deporte y lo pone al servicio del lucro.

Además, hay en el debate actual una discusión incompleta (y por momentos hipócrita) sobre las asociaciones civiles versus las sociedades anónimas deportivas (SAD). La realidad es que hoy no hace falta convertir a nuestros clubes para que el capital privado participe: lo hace cotidianamente, a través de patrocinios, explotación comercial de locales/bufet, convenios, infraestructura, sponsoreo y venta de jugadores. Lo que sí necesitamos es pensar estratégicamente a nuestros clubes de barrio como verdaderas usinas de trabajo digno para quienes participan y de formación de talento deportivo con valor agregado. Porque el Estado puede y debe acompañar ese proceso sin renunciar a su rol de regulador, redistribuidor y promotor del bienestar común.

Una política deportiva nacional, popular y sostenible no es romanticismo: es una estrategia de futuro, una visión de país. Es planificación, soberanía y comunidad organizada. Es empleo, inclusión, arraigo y orgullo nacional.


[1] http://www.bnm.me.gov.ar/giga1/documentos/EL000058.pdf

[2]El deporte en el primer Peronismo – Estado, competencia y deportistas – Ediciones de periodismo y comunicación. Raanan Rein y Claudio Panella

[3]Las Unidades de Vida Articulada (UVAs): ofrecen canchas, bibliotecas, ludotecas, salones culturales y áreas verdes, transformando microespacios en lugares de encuentro, creación y vida colectiva.

[4]https://repositorio.unal.edu.co/bitstream/handle/unal/86554/1085269988.2024.pdf?sequence=2&isAllowed=y#:~:text=Tiene%20que%20ver%20con%20la%20acupuntura%20social,al%20inicio%20de%20una%20gesti%C3%B3n%20a%20la

[5] https://www.afip.gob.ar/juegosdeazar/impuesto-indirecto-apuestas-juegos-online/concepto.asp

[6] https://www.argentina.gob.ar/sites/default/files/2023/08/informe_renaced_-_digital_0.pdf

[7]https://www.infobae.com/economia/2022/07/07/la-afip-reglamento-el-impuesto-indirecto-a-las-apuestas-online/#:~:text=A%20comienzos%20de%20junio%20de%202022%2C%20el%20Gobierno%20hab%C3%ADa%20decidido,la%20condici%C3%B3n%20del%20sujeto%20organizador.

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