Contar el fútbol más allá de privatizaciones, odio y xenofobia.
Fabrizio Di Buono (Università della Calabria; sociólogo entre Argentina e Italia; militante de la Asociación Nacional de Partisanos Italianos –ANPI–; dedicado al estudio de movimientos sociales, procesos culturales y dinámicas migratorias; integrante del comité editorial de Eracle, Journal of Sport and Social Sciences; activo en redes a través de su perfil de Facebook “Fabrizio Ya”; contacto: fabredb@gmail.com).

Si estamos aquí leyendo ese blog y si estoy escribiendo para este blog, entonces es claro que tenemos una mirada parecida sobre nuestro amado fútbol. E intentamos contarlo a nosotros y a quienes más queremos que entienda “profundamente” el futbol, yendo más allá de los títulos que se pueden ganar o del “simple” tocar bien, o mal la pelota. Porque hay algo más en esa pelota, que esté tocada bien o mal. En 2017, más o menos, en la web comenzaron a aparecer perfiles de nuestras hinchadas que se declaraban antifascistas y en las respectivas canchas, como en las afueras, se podían encontrar flyers o stickers de esos sectores de hinchadas antifascistas. Narrar de este movimiento emergente nos permite descubrir y hablar de un vínculo que hace mucho existe y que, empero, quienes hacen política (esa sucia, que nos aterra y pisotea, y no la que nos emancipa) a través de nuestros clubes quieren enterrarlo, diciéndonos que “es solo fútbol”. Además, enterrar este vínculo deja espacio a las crónicas que estigmatizan las hinchadas, las así dichas barras bravas, como si todos los que van a la cancha para alentar su equipo fueran integrantes de ellas, y que nada hacen que hablar de violencia entre opuestas identidades futbolísticas. No hace falta decir que esa violencia llevó en 2013 a la prohibición para las agrupaciones organizadas a seguir sus equipos en los partidos en cancha adversaria. Sobre este tema son muchos los estudios de sociología del deporte que nos proveen análisis acerca de las barras bravas y sus conexiones con la política, esa que mencioné arriba, así como de las existencias de estrategias clientelares entre ambientes de las canchas y las elecciones locales (Moreira, 2011). Sin embargo, como dijimos, el fútbol en todos los rincones del Rio de la Plata, en realidad, es conectado a la esfera política en distintas modalidades. En los primeros años del siglo XX, en cada barrio nacían los llamados Club Sociales y Deportivos, que, como nos recuerda nuestro querido Osvaldo Bayer (1990), significaban milonga y fútbol. El fútbol parecía ser un factor que generara una nueva conciencia social, también en la lucha de clase: numerosos son los equipos argentinos que nacen por la unión de obreros, agrupaciones anarquistas y socialistas, los oratorios, las bibliotecas populares, a menudo para desafiar los patrones que no permitían al trabajador de jugar en los clubes de las empresas. Desde entonces, el fútbol ha ido transformándose y junto a él las formas de participaciones también: globalización, cosificación, seguridad, medios de comunicación y modernización han sido las transformaciones principales que han cruzado este deporte, con una mutación de los caracteres identitarios y las finalidades que el fútbol desde siempre encarnó. Pasamos así desde las transformaciones de las canchitas a través del aumento de los asientos y de la implementación del césped en lugar de los potreros, a la grande transformación que en los años 90 nos comunicaba el maldito Havelange, cuando notó que, en 1993, el movimiento financiero del fútbol ganaba a lo de General Motors: 225 a 136 billones de dólares (Galeano, 2015).

De tal manera, el fútbol se transforma en un producto comercial, por eso muchas veces se habla de “citimer”, esa palabra hibrida que nos llega por el inglés, entre ciudadano (citizens) y consumidor (consumers). Es adentro de esas transformaciones en el universo futbolístico que tenemos que ubicar el fenómeno social de las hinchadas antifascistas que emergen entre 2017 y 2019, por mano de diferentes hinchas de distintos clubes entre primera y segunda división. Para describirlas vamos a utilizar las palabras de ellas mismas, que nos entregan un pot pourri de muchas definiciones. Ellas “nacen por la pasión para el fútbol, por el espíritu amateur y por la libertad” (Independiente Antifascista, 20 de julio de 2018), “como una componente identitaria de los sectores populares”, donde se apelan a la “solidaridad entre quienes quieren vivir sus vidas sin ser señalados o pisoteados” (Rosario Central Antifascista, 3 de diciembre de 2017), en soporte de un fútbol “donde el odio y la xenofobia nunca tendrán lugar” (Newell’s Antifascista, 26 de agosto de 2017), invitando a romper “con la homofobia, el racismo, la xenofobia, el machismo y las además conductas que ponen en peligro las libertades individuales dentro y fuera de las gradas” (San Lorenzo Antifascista, 23 de septiembre de 2018).
Cuando escribí acerca de esos sectores de distintas hinchadas podíamos contar alrededor de treinta hinchadas que estructuraban sus presencias entre redes sociales, canchas y encuentros públicos, muchas veces por el barrio de Villa Crespo. Cada una de esas hinchadas ve un núcleo de hinchas/activistas que pueden llegar hasta veinte personas, que, empero, gracias a las redes sociales, principalmente Facebook e Instagram, capturan la atención, simpatías y participación (no solo virtual) de hinchas y de muchas otras indvidualidades que no pertenecen totalmente al ambiente de la cancha, sin embargo, participan a la construcción de una narración diferente sobre el fútbol. Una narración que, como podemos imaginar, mira a descolonizar la cultura dominante, ligada a un sentido común que no permite ver lo que se esconde detrás de la práctica diaria del ritual futbolístico. Este fenómeno atraviesa dos perspectivas que condiciona los estudios sociales sobre el deporte, es decir por un lado el aspecto de la integración o exclusión social, y por el otro el de la violencia entre agrupaciones rivales. Esto porque las hinchadas antifascistas se proponen crear vínculos comunitarios como elementos de resistencia, frente a la tentativa de imponer barreras que excluirían la mayoría de los hinchas de la participación deportiva y social. De hecho, este movimiento nace alrededor de cuestiones ligadas a la participación social en la vida de los clubes, enfrentando la avanzada de las políticas neoliberales promovidas por el entonces gobierno de Macri. Entre 2017 y 2018 las hinchadas antifascistas, a través de sus redes sociales, toman parte al debate acerca de las Sociedades Anónimas Deportivas, para difundir informaciones y subrayar aquellos puntos salientes acerca de qué es una Sociedad Anónima, los efectos que podrían generar en los clubes y por qué hay representantes políticos y clubes de fútbol a proponer esas transformaciones. El tema, ni hacerlo de propósito vuelve caliente y con más fuerza también bajo el gobierno del nazi-liberticida actual.

El avance del capitalismo y de las políticas neoliberales que interesan la salud, los servicios públicos, las jubilaciones, las instituciones de la sociedad civil, la investigación, llega también al fútbol, con los clubes que se transforman de asociaciones sin fines de lucro en Sociedades Anónimas Deportivas (SAD). A la base de este cambio, dicen los promovedores, está la necesidad de modernizar el fútbol para garantizar mayor transparencia en las administraciones de los clubes, introduciendo un modelo eurocéntrico, similar a los de Premier League y Liga de Fútbol italiana, remarcando la subalternidad en la competencia económica de los equipos locales.
No tenemos que leer este debate en la sola dimensión argentina, sino ampliándola a todo el subcontinente, porque el sistema con las SAD ha sido adoptado ya en Chile, Brasil y Perú, llevando a la privatización de hecho de los varios clubes (Moreira, 2018). Las hinchadas antifascistas se oponen a esa lógica definida como modernizadora, y destacan cómo esta elección iría en contra de los deportes amateurs que están en todos los clubes, reduciendo los servicios que los varios clubes deportivos prestan actualmente en las comunidades de socios y aficionados, cuales escuelas, piletas, centros de atención médica, clubes sociales por jubilados y sobre todas esas estructuras que nos garantizan una contención social, mientras los gobiernos de derechas entre gorilas y liberticidas aumentan pobreza, precariedad, desamparo y limitan el acceso a los servicios públicos. Además, el pasaje de un sistema a otro disminuiría la participación de los socios en las decisiones de los clubes, anulando el mecanismo electoral y eliminando la representación y la participación de los socios en la estructura política interna o en la gestión de los servicios comunitarios. El sistema de las SAD llevaría a una eventual exclusión de los socios, produciendo una transformación de carácter socioeconómico, con consecuente exclusión de ellos, marcando el pasaje a simple consumidores. Las diversas tentativas de esta transformación, hasta ahora, han sido reenviadas al remitente por las divisiones internas a la AFA y por las presiones llevadas adelante por las hinchadas a través de la organización de banderazos y campañas informativas de las hinchadas, entre estas las antifascistas.
Sin embargo, esta transformación tiene un revuelo identitario también, que desplaza el foco sobre otro campo de acción de esas hinchadas. El impulso hacia el modelo empresarial de las SAD lleva a maximizar las ganancias del fútbol, a través del marketing, el aumento de patrocinadores, la venta de productos oficiales, proyectos de nuevos estadios; factores estos que, según las sociólogas Moreira e Hijós (2013) generan identidades distorsionadas de los clubes, las cuales difieren del imaginario popular y migrante que está en la base de varios equipos.
Es sobre este cambio del factor identitario que las hinchadas antifascistas sienten la necesidad de intervenir, a través de la construcción de un meta-territorio entre fútbol y política, precisamente porque la construcción identitaria y de la otredad en juego forma parte de una elaboración que va más allá del fútbol, expresión de un sector hegemónico y de una cultura dominante. Por tanto, las hinchadas en cuestión intentan generar una cultura en común (Williams 1977), es decir, una cultura que considera a los individuos como sujetos activos en la elaboración de significados y valores, y en la decisión de cuáles adoptar.
Las identidades futbolísticas argentinas, con el tiempo, han desarrollado un discurso racista, xenófobo, sexista, homofóbico, violento, sintetizado en lo que se conoce como folclorización del ritual del aliento (Bundio 2020). De hecho, en los cánticos e insultos dirigidos hacia la otredad futbolística propia se detecta una «blanquización» de la identidad, es decir, el desprecio por el «extranjero» latinoamericano, en particular boliviano y paraguayo – un factor presente en el sentido común argentino dentro de un discurso público racista y clasista, al cual corresponde la estigmatización de las clases sociales más pobres, donde el «negro» no racializa solo el color de piel, sino también el destino laboral y de consumo en términos de subordinación y sufrimiento (Gatto 2019) – así como la exacerbación de la masculinidad a través de la cultura del aguante, que se apoya en la retórica masculina de la «resistencia». Esta construcción identitaria se ha sedimentado con el tiempo. Si en los años 50 el fútbol se construye como un espacio de afirmación masculina donde exhibir prácticas violentas reguladas por un código de honor entre hinchadas (Alabarces 2004), a partir de los años 70, con la difusión de los grandes medios de comunicación, la consolidación de la industria cultural argentina y la radicalización de la otredad entre rivales, la violencia se interioriza también en los cánticos. De expresar un apoyo a los propios jugadores y al equipo, y de celebrar las victorias, estos pasan a tener contenidos violentos, racistas y homofóbicos (Bundio 2020).
Con el fin de deconstruir estas identidades, las hinchadas antifascistas recurren a los orígenes y a los ídolos de los clubes: la historia de cada club es un relato de migración, de encuentro entre clases populares, donde el ídolo proviene de un país limítrofe con Argentina. Pensemos en el paraguayo Arsenio Erico, máximo goleador en la historia del campeonato argentino y símbolo de Independiente, o en la historia migrante que caracteriza el mito fundacional de Boca. La acción colectiva de las hinchadas antifascistas se desarrolla mediante repartos de volantes, encuentros públicos, comunicados y una presencia activa en protestas sociales o en centros culturales. De hecho, la disociación entre el sentido común y la práctica de cancha que desarrolla contenidos racistas, homofóbicos y misóginos, lleva a las hinchadas antifascistas a actuar sobre tres frentes: las redes sociales, el estadio y la política en los espacios sociales y colectivos.

A estas prácticas hay que sumar la red de vínculos y solidaridades internacionales, en particular en el contexto latinoamericano, que estas hinchadas nacidas recientemente han logrado tejer. En particular, se destacan los encuentros con las hinchadas antifascistas brasileñas – que cuentan con una trayectoria más larga e histórica en América Latina – con ocasión de los encuentros de la Copa Libertadores, y el apoyo a la campaña «Ele não» contra Bolsonaro, o la solidaridad con las hinchadas chilenas comprometidas con las protestas que caracterizaron los años 2019-20, que llevaron al referéndum para la adopción de una nueva constitución, en reemplazo de la pinochetista.
Vamos cerrando este relato diciendo que las hinchadas antifascistas parecen hacernos redescubrir la totalidad de la sociedad a través del universo del fútbol, lugar en el que los cambios internos, incluso cuando parecen mostrar cierta autonomía, en realidad remiten a aquellos mecanismos de exclusión e identitarios típicos de la sociedad externa; así también la expresión de valores y la construcción de un sentido común van mucho más allá del ritual de la cancha. Estas transformaciones desencadenan mecanismos de creación y de resistencia en las hinchadas que, si bien continúan consumiendo el espectáculo futbolístico recreando el ritual del drama (Archetti 2008; Hornby, 1992), que implica la pasión por el fútbol, inventan nuevas tácticas que amplían las identidades tradicionales y generan una narrativa transversal y colectiva. El resultado parece ir en búsqueda de una totalidad cultural y una lucha política que se juega en las fronteras entre sociedad y cancha y encuentra conexiones entre el panorama local y el subcontinental.
Bibiliografia
P. Alabarces, a cura di, Futbologías. Fútbol, identidad y violencia en América Latina, CLACSO, Buenos Aires 2003.
E. P. Archetti, Fútbol y ethos, «Monografías e Informes de Investigación», n.7, FLACSO, 1984.
E. P. Archetti, El potrero y el pibe. Territorio y pertenencia en el imaginario del fútbol argentino, «Horizonte antropológicos», n. 30, anno 14, luglio/dicembre 2008.
O. Bayer, Fútbol argentino. Pasión y gloria de nuestro deporte más popular. Editorial Sudamericana, Ciudad Autónoma de Buenos Aires 1990.
J. S. Bundio, La identidad se forja en el tablón. Masculinidad, etnicidad y discriminación en los cantos de las hinchadas argentinas, Instituto de Investigaciones Gino Germani/CLACSO, Ciudad Autónoma de Buenos Aires 2020.
E. Galeano, El fútbol a sol y sombra, Siglo Veintiuno Editores, Buenos Aires 2014.
E. Gatto, ¿Estamos viendo arder el mundo?, «Revista Anfibia», UNSAM, 2019.
C. Gómez, El partido Rojo. La hazaña más grande del fútbol argentino en medio de la más sangrienta dictadura, Planeta, Ciudad Autónoma de Buenos Aires 2017.
M. V. Moreira, La política de “los otros”: el juego de los hinchas, entre trayectorias y posiciones legítimas, «Publicar», n. 10, anno 9, giugno 2011.
M. V. Moreira – N. Hijós, Clubes deportivos, fútbol y mercantilización: los casos de Boca Juniors e Independiente en la Argentina, «Question», n.1 (37), 2013.
V. Moreira, Fútbol, modelos jurídicos y mercado: el dilema de los clubes en Sudamérica, «Revista crítica de ciências sociais», n. 116, 2018.
D. Numerato, Behind the digital curtain: Ethnography, football fan activism and social change, «Qualitative Research», n. 16 (5), 2016.
D. Numerato – R. Giulianotti, Citizen, consumer, citimer: the interplay of market and political identities within contemporary football fan cultures, «Journal of consumer culture», n. 18 (1), dicembre 2017.
A. Quijano, Cuestiones y horizontes. De la dependencia histórico-estructural a la colonialidad/descolonialidad del poder. (Antología esencial), UNMSM/CLACSO, CABA 2020.
R. Rein – M. Gruschetsky – R. Daskal, a cura di, Clubes de fútbol en tiempos de dictadura, UNSAM Edita, CABA 2018.
J. Risler, La acción psicológica. Dictadura, inteligencia y gobierno de las emociones 1955-1981, Tinta Limón, Ciudad Autónoma de Buenos Aires 2018.
R. Williams, Marxism and literature, Oxford University Press, Oxford 1977.

