Los clubes de barrio en la Mar del Plata Peronista
Por: Eduardo Ferrer (Historiador, profesor, periodista y corredactor de los libros: ¨100 clubes bonaerenses¨ y ¨100 clubes de barrio¨)
En la ciudad de Mar del Plata, como en la mayor parte del territorio argentino y, más específicamente, en la geografía bonaerense, pueden describirse dos etapas históricas relevantes en la fundación de los clubes sociales y deportivos. Ese momento trascendental en el que, un núcleo vecinal, el equipo de fútbol de la cuadra o los concurrentes al bar de la esquina, tomaron la decisión de institucionalizarse, para darle vida legal a la entidad o para la disputa de algún evento atlético.
Ahora bien, ¿cuándo ocurrieron esas instancias inaugurales? ¿Tuvo Mar del Plata alguna característica en particular? ¿Fue el arribo del Peronismo al poder un factor determinante para la construcción de sociabilidades en los clubes de la costa atlántica? Son cuestiones a las que se intentará dar respuesta en las próximas líneas.
La ciudad “feliz” –un concepto aparecido más adelante en el tiempo- se fundó en el año 1874 y, durante aquél siglo XIX, no se hallaron referencias explícitas a la práctica de algún deporte, apareciendo datos concretos a partir de la siguiente centuria. Entre 1902 y 1904 se registraron las primeras prácticas lúdicas y la aparición de un balón de fútbol, arribado por la gentileza de un vecino porteño. En 1906 se inauguró el Club Atlético Mar del Plata, considerado en la jerga local como “El Decano”, por ser el primero de los que tuvo larga vida institucional.
Desde 1910 en adelante, los vecinos del centro marplatense dieron vida a otras agrupaciones relevantes: Club Atlético General Mitre, Club Atlético Nación, Club Atlético Urquiza, Sporting Club (asociado a la congregación Marista de la Iglesia Católica) y, merced al corrimiento urbano hacia el sur de la ciudad, el Club Náutico (con dirigentes políticos de filiación socialista en sus primeras comisiones) y el popular Club Atlético Aldosivi, fundado de las propias entrañas del consorcio que construyó el puerto local.
Hasta allí, la corriente fundacional era aún escasa, pero la ampliación de la participación popular en las contiendas electorales y, en general, en la vida democrática de nuestro país, también se reprodujo en la creación de espacios de reunión social: los clubes se transformaron en el corazón que llevaba el latido de crecimiento en los barrios. Aparecen, en los primeros años de la década del 20’, clubes deportivos de aquilatada trayectoria en la ciudad: Peñarol, Quilmes, Kimberley, San Lorenzo e Independiente; y después de mediados de la misma, se suman Boca, River, Libertad, Unión, San Isidro y Talleres, entre otros, duplicando el número de actos bautismales.
Transcurrida esa decena de años, la interrupción de la participación ciudadana a partir de la asonada militar, hace su parte en la censura de los sitios colectivos para la interpelación vecinal. Algunas actividades deportivas –como el caso del box- se practican de manera clandestina, idéntica situación a la que viven las reuniones políticas transcurridas en los clubes. Sin embargo, esto no sería más que una “olla en ebullición” que daría lugar al fenómeno que, junto con Ramírez S., hemos denominado —para el caso de Mar del Plata— la “Edad de Oro” (1) de los clubes sociales y deportivos, con más de un centenar de fundaciones entre 1941 y 1960.
Ante la pregunta de: ¿por qué llamar etapa “de oro” al fenómeno ocurrido entre las décadas del 40’ y 60’ y no marcar el inicio en los años 20?, esbocé algunos argumentos en línea con lo trabajado en 100 Clubes de Barrio. La primera oleada fundacional, de 1921 a 1928, se llevó a cabo prácticamente en el segmento céntrico de la ciudad. Lo que ocurre luego del año 40’ rebasó todas las fronteras reconocidas del ámbito urbano original, desplazándose, aunque de manera desordenada, más allá de la calle San Juan y la Estación del Ferrocarril, hasta las propias entrañas del sur marplatense. El otro factor, comentado ut supra, refiere directamente a las posibilidades de ampliar la participación socio–colectiva con el advenimiento del gobierno peronista a partir del año 1946.
La relevancia de estos agrupamientos barriales queda reflejada en aquél comentario contundente de Juan Domingo Perón: “… Nosotros no tuvimos delincuencia infantil ¿por qué? Porque en Buenos Aires, más de 50.000 muchachos tenían su club. Se crearon más de 90 clubes de barrio donde tenían, en la medida de lo posible, canchas de fútbol, cancha de básquet, boxeo, gimnasia; en fin, todas las actividades deportivas. Esos clubes los hacía el Estado, y se los entregaba a los vecinos que los administraban y los llevaban adelante.” (2)
Los datos son incontrastables: mientras que, en las primeras cuatro décadas del siglo XX, las fundaciones apenas superan el medio centenar, la denominada “edad dorada” para Mar del Plata, registra la consolidación de 143 instituciones sociales y deportivas –al menos en los registros alcanzados- (3) para un período que puede extenderse hasta fines de los años 60’, para luego caer de manera abrupta y registrar un breve repunte, media centuria después, con el resurgimiento de algunas instituciones que cobijaron la complejidad social, luego de la pandemia ecuménica.
No sólo de fundación de clubes se trataba, sino de toda la vida social y deportiva que se generaba en torno a ellos y los espacios geográficos donde se asentaban: allí se celebraban los casamientos y cumpleaños, los corsos y festejos de carnaval, los actos escolares y el acontecer cívico y político. El estado municipal, merced a las políticas del gobierno nacional, acompañaba este crecimiento y era frecuente ver a las autoridades locales presentes en los clubes. Proliferaban las competencias atléticas, apadrinadas por el ejecutivo marplatense, se construyó el nuevo circuito automovilístico de la ciudad, aumentaban significativamente el número de ligas barriales, los campeonatos futbolísticos y la multiplicidad de nuevas actividades recreativas para niños y niñas.
Nacieron las entidades que representaban a los espacios sindicales y el empresariado tomó la decisión de generar también esta institucionalidad, dándole vida a sus propios clubes, para la participación en torneos comerciales. La Liga de Fútbol Marplatense consolidó la actividad, llevando el número de participantes casi hasta el actual, la Asociación de Básquet trepó hasta los quince representativos, casi una decena más que en la década anterior, y con un crecimiento inusitado de la participación femenina. Finalmente, en 1950, al calor de la participación deportiva escolar, se fundó la Unión de Rugby Marplatense, que disputó su primer torneo ese año.
Perón hasta en el nombre y el fuerte impulso en el deporte
El peronismo arribó al gobierno marplatense con dos años de demora respecto al acontecer nacional. Fue el doctor Juan José Pereda, quien se hizo cargo de la gestión municipal, luego de la temporada veraniega del año 48’, siendo el primero de los tres ejecutivos locales de esa tradición política, a lo largo de toda la historia de la ciudad.
“El primero de ellos, Juan José Pereda, fue elegido el 14 de marzo de 1948, a 13 días de que Perón -que llevaba dos años en la presidencia- nacionalizara los ferrocarriles. Con las mujeres todavía excluidas, 18.768 hombres votaron aquel domingo en las 97 mesas habilitadas en Mar del Plata. El slogan de la campaña publicitaria peronista –la mayor que se había visto en la ciudad- incorporó al gobernador bonaerense: “Con Perón, Pereda y Mercante, Mar del Plata adelante”.” (4)
En agosto de 1949, durante el primer gobierno de tinte nacional y popular, nació en Mar del Plata, el Club Atlético, Social y Deportivo Presidente Perón, en homenaje a uno de los dirigentes más influyentes de la historia nacional. Iniciada la década del 50’, la institución participó en gran cantidad de torneos futbolísticos, entre los que se destacaron los organizados por la Asociación de Fútbol de los Barrios. Un artículo aparecido en un matutino local, mocionaba al primer equipo de la entidad, vestido con su habitual casaca celeste, con una franja diagonal en blanco, estaba compuesto por: Affur; De Dios y Menéndez; Macitelli, Arias y Páez; Loiácono, Liberatore, Piro, Barcalán y Vázquez.

La sede social se encontraba por la calle Neuquén a la altura del 2636, en la zona oeste de la geografía marítima, un espacio que tiempo atrás era considerado despectivamente como “el arrabal”, el lugar de los “cabecitas negras”, por los habitantes del centro. Rodeado de quintas de frutales, al pasar la avenida Juan H. Jara, y caracterizado por el fuerte olor de las menudencias sobrantes del Matadero Municipal, la zona se había poblado de casas de trabajadores y crecía en espacios de interacción social y deportiva: Club Atlético Alvarado –al cual enfrentó en sendos partidos por la Liga Barrial-, Club Jara, Círculo Mariano Moreno y, más adelante, El Trébol y La Dulce.
No fue el único, el Club Social y Deportivo Estación Presidente Perón, fundado en los albores de la década, sobre terrenos de la Estación Sud del Ferrocarril (hoy convertida en un centro comercial), supo alzarse con el subcampeonato de la Liga Comercial y recibir, vía telegrama, las felicitaciones del Presidente de la Nación: “… agradezco a los asociados y jugadores la dedicatoria… enviándoles un gran abrazo. General Perón”. (Diario La Capital, 1953).

Las instituciones atléticas: Club Amigos de Perón, Evita y Mercante; Club Social y Deportivo 1° de Mayo, Club Ministerio de Obras Públicas, Club Obras Sanitarias, Club Méjico, Club Tigre, Club Atlanta, Club All Boys y tantas otras, tuviera su ligazón de manera directa con la impronta de un gobierno nacional que centraba la mirada atenta en la vida deportiva y en la sanidad de su pueblo. Invirtiendo no sólo en el acompañamiento de las trayectorias profesionales de los y las deportistas destacados/as, sino también en el favorecimiento del deporte amateur, de los espacios barriales y, en especial, del desarrollo de los niños y niñas, a través de la práctica atlética.
En definitiva, las características centrales para describir a una entidad que asume por nombre la categoría social y deportiva, pueden hallarse significativamente, en la ciudad de Mar del Plata, durante aquellos años de influencia concreta del peronismo. ¿Cuáles son dichas esencias? Nadie mejor que Pedro Saborido, en el prólogo de nuestro libro – “100 Historias en Clubes Bonaerenses”– para explicarlo: “Hay muchas vitrinas al costado del buffet, donde en vez de copas hay historias de su gente. Historias de primeros besos en un baile. Algún exceso de cerveza. Unas risas en la madrugada de un asado. Un cumpleaños de 15, o el carnaval carioca de un casamiento en el salón. Un raspón y el “Merthiolate”. Unos pesos para un alfajor. El molinete de metegol más largo de la historia. Una rifa para terminar un techo. Y miles de horas de personas charlando. Eso se puede ver en las vitrinas. Porque un club sale campeón de vez en cuando, o nunca. Pero siempre va a ser un montón de gente que se junta.” (5)
Referencias:
1. FERRER, E.; RAMIREZ, S. y BORRELLI, A. “100 Clubes de Barrio”. Mar del Plata. Junio de 1920.
2. SOLANAS P. y GETINO O. “Perón. La Revolución Justicialista”. Madrid. 1971.
3. FERRER, E.; RAMIREZ, S. y BORRELLI, A. “100 Clubes de Barrio”. Mar del Plata. Junio de 1920.
4. VISCIARELLI, Gustavo. En Diario La Capital de Mar del Plata. “La intendencia, un estigma de 65 años para el peronismo local.” 28 de octubre de 2019.
5. SABORIDO, P. En prólogo de: “100 Historias en Clubes Bonaerenses”. FERRER, E. RAMIREZ, S. FERRER, A. y Otros. Mar del Plata. Mayo de 2025.
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