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Politicamente correcto

Por: Hernán Ordoñez Francica (escritor, diseñador y creador de 90×22, una plataforma dedicada a contar historias de fútbol, cultura, patrimonio y cultura popular. Es autor de Insólitas historias reales del fútbol argentino. Cuando la realidad golea a la ficción, obra publicada en 2026 que recupera episodios históricos, sociales y culturales del país a través del fútbol. Desde @90x22futbol desarrolla contenidos y narrativas que buscan pensar al fútbol como parte de la identidad y la cultura.)

El fútbol como punto de encuentro

¿Debe la política inmiscuirse en el fútbol? Quizás la pregunta más interesante sea otra: ¿cómo entra la política en el fútbol?

Hace pocos días, a raíz de la polémica que involucró al futbolista del Betis, Ez Abde, Manuel Pellegrini afirmó que el fútbol es un elemento de unión y que nunca debería convertirse en un motivo de desunión. También pidió a los deportistas que siguieran utilizando sus clubes como espacios capaces de unir.

En 1863, en Londres, representantes de distintos clubes se reunieron en la Freemasons’ Tavern. El motivo era bastante menos romántico de lo que muchas veces se cuenta: necesitaban acordar unas reglas comunes para un juego que no todos practicaban de la misma manera. De aquella reunión surgió The Football Association y uno de los primeros códigos organizados del fútbol moderno. No fue el nacimiento del fútbol, fue un paso decisivo en la organización del fútbol que acabaría imponiéndose en el mundo.

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La cuestión parece menor, pero no lo es. El fútbol moderno necesitó una cosa antes que cualquier otra: un acuerdo sobre las reglas. Así comenzó a organizarse el fútbol: un lenguaje universal, que llegaría pocos años después a la Argentina.

La llegada a la Argentina del educador escocés Alexander Watson Hutton tuvo un impacto inesperado. Desde su Buenos Aires English High School no solo creó el Alumni (primer gran campeón y fenómeno de masas del fútbol argentino), sino que también fundó la Asociación de Fútbol Argentino (AFA) e impulsó un modelo educativo innovador para la época: educación pública, laica, mixta y obligatoria, incorporando el deporte como parte de la formación integral. Su propuesta no solo convenció al presidente Julio Argentino Roca de promulgar la Ley 1420 (considerada la base del sistema educativo argentino), sino que impulsó la movilidad social y ayudó a forjar dos pilares de nuestra identidad colectiva: la educación pública y el fútbol, espacios de pertenencia, cohesión social y formación humana.

Así, el fútbol dejó de ser exclusivo de la comunidad británica y se popularizó en todos los sectores de la sociedad argentina. Durante generaciones, el fútbol ofreció a muchos jóvenes una posibilidad extraordinaria: ser reconocidos no por su apellido, su patrimonio o su origen familiar, sino por lo que eran capaces de hacer en el campo de juego. El fútbol no garantiza la movilidad social, pero ayuda y contribuye a que ocurra como pocas cosas en la sociedad.

A partir allí se suceden eventos en los que parece imposible separar fútbol de política. Sin embargo, el matiz está en cómo entra la política en el fútbol.

Desde el pedido —no aceptado— de Julio Argentino Roca a los jugadores de la Selección Argentina para perder un amistoso ante la Selección de Brasil, jugado en Brasil, hasta la bandera de «Las Malvinas son Argentinas» en el último mundial, innumerables eventos políticos se dan en el fútbol argentino y en el global.

Enumerarlos sería infinito, pero algunos son muestra de lo que tratamos de reflejar. René Houseman formó parte de las Selecciones Nacionales de 1974 y 1978 (y era hincha del clásico rival del club donde brilló). En una conversación personal, afirmó lo que todos sospechábamos: la de 1974 tenía individualidades de calidad muy superior a la del 78; sin embargo, el impacto emocional que significó el fallecimiento del General Perón durante ese mundial fue tan determinante en el rendimiento, que llegaron a plantearse abandonar el Mundial (otro factor fue el «singular» estado físico de Alemania y Holanda…).

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Ya en 1978, durante uno de los momentos de mayor fractura política de la historia del país, el fútbol argentino consigue su primera gran conquista colectiva. En 1982, se juega el Mundial en medio de una guerra y dentro del plantel había posiciones que desde fuera parecían incompatibles, personificadas en dos jugadores: Valdano y Ardiles. El fútbol no exige que pensemos igual. Nos exige algo mucho más difícil: que sepamos jugar juntos.

Ya en tiempos más felices, la política también entró a nuestro fútbol por la vía de las presiones sobre los técnicos. En la previa de México 86, con la selección de Bilardo cuestionada tras una floja gira europea, funcionarios de la Secretaría de Deportes del gobierno de Raúl Alfonsín trasladaron ese malestar a Julio Grondona, presidente de la AFA, y llegaron a «sondear» un reemplazo. Bilardo se enteró, resistió y terminó siendo campeón del mundo. La política quiso torcer un rumbo deportivo y el fútbol no lo permitió.

Y la cota puede subir si metemos religión en el cóctel. En ese sentido, Argentina también puso toda la carne al asador: el Papa Francisco, extremadamente futbolero (¡hincha y socio!) tenía que ser argentino.

el papa francisco twitter

En 90×22 hablamos de fútbol y de cultura, de patrimonio y de legado. Desde ese lugar, respetamos todas las ideologías políticas y religiosas, aunque nuestro compromiso es no pronunciarnos a favor de ninguna de ellas. Aunque no compartimos la influencia política en resultados amañados, la construcción —o desaparición— de estadios, o dirigentes que usan al fútbol como trampolín político, creemos que es felizmente deseable que fútbol y política convivan y ayuden a crear un mundo mejor.


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