whatsapp image 2026 01 11 at 09.36.34

La Pelota No Se Mancha, De Petróleo

Por: Lucas Zalduendo (Periodista, Licenciado en Ciencias de la Comunicación y profesor de la diplomatura de Comunicación Política de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. Trabajó en radio y escribió en Página/12. Creador de la página de Instagram @FútbolyPolítica y del podcast Fútbol Rebelde)

Mundial 2026

La invasión de Estados Unidos a Venezuela y el secuestro de su presidente, Nicolás Maduro, prendieron una alarma que trasciende lo político para golpear las puertas del fútbol: ¿Qué pasará con la Copa del Mundo? El despliegue militar norteamericano dejó al desnudo, una vez más, el rol geopolítico de la FIFA, su alineamiento a Donald Trump y la doble vara que imparte ante conflictos internacionales. Mientras el ataque al suelo venezolano indigna a miles de hinchas que exigen la expulsión de EE.UU como sede mundial, surge una ironía geopolítica: quizás no sea la sangre latinoamericana, sino la ambición de Trump sobre Groenlandia, lo que obligue al organismo a ensayar una sanción.

Desde diversos sectores se clama la misma severidad que la FIFA aplicó, con una celeridad asombrosa, contra Rusia por su invasión a Ucrania en 2022. Aquel castigo, que buscó ser una “acción por la paz”, se basó en el artículo 2 de la Carta de las Naciones Unidas, que prohíbe la amenaza o el uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado. Si las decisiones que toma la FIFA fueran parejas, Estados Unidos debería ser eyectado hoy mismo como sede mundialista que comparte con Canadá y México (país que, dicho sea de paso, también vive bajo la sombra de las amenazas intervencionistas de Trump); y sus selecciones de fútbol deberían ser suspendidas de toda competencia internacional.

Aunque el máximo organismo del fútbol se llena la boca hablando de una supuesta neutralidad política, su historia es un archivo concatenado de conveniencias políticas. Además del caso ruso, a lo largo de su historia sancionaron a Alemania y Japón tras la Segunda Guerra Mundial, expulsaron entre 1970 y 1990 a la Sudáfrica del apartheid y a Yugoslavia la dejaron afuera de la edición de 1994 por la Guerra de los Balcanes.

Sin embargo, cuando los dictadores son «amigos», la FIFA se vuelve sorda, ciega y muda. Fue condescendiente con Mussolini en 1934 y con la junta genocida de Videla en el ´78, convirtiéndose en el mejor maquillaje para el horror. Incluso en 1974, permitió que el Chile de Pinochet disputara un repechaje contra la URSS en el Estadio Nacional, que en ese momento funcionaba como un campo de concentración y tortura. En fin, en cada mundial las reglas de la FIFA fueron de la mano de los intereses del poder de turno.

whatsapp image 2026 01 11 at 09.36.34 (1)

Este escenario no parece ser la excepción a la regla. Primero, por la naturaleza históricamente impune del intervencionismo estadounidense. Segundo, por el romance explícito entre Gianni Infantino y Donald Trump. El éxtasis de este servilismo se vivió el pasado 5 de diciembre, en pleno sorteo del mundial cuando la FIFA se inventó un «Premio de la Paz» para entregárselo, sin rastros de vergüenza, al propio Trump. Este acto grotesco cobra sentido cuando se analiza el trasfondo: Trump, obsesionado con el premio Nobel de la Paz que nunca llegó, encontró en Infantino a un aliado dispuesto a saciar su ego y legitimar su figura a nivel mundial. Por algo sorprendieron las declaraciones del magnate cuando desestimó a Corina Machado (principal opositora de Maduro y, justamente, la reciente ganadora del Nobel) para presidir Venezuela.

whatsapp image 2026 01 11 at 09.36.55

Aquel bochornoso gesto en el sorteo de la Copa del Mundo también fue repudiado a nivel mundial. La organización inglesa Fairsquare, que promueve la buena gobernanza en el deporte, acusó a la Comisión de Ética de la FIFA de vulnerar el tan proclamado principio de neutralidad política. Muchos sostienen que los que integran la comisión operan con menos independencia que sus predecesores, cuando el entonces presidente Joseph Blatter fue eyectado de su cargo por el famoso FIFA-Gate, un entramado de negocios y corrupción, que “desenmascaró” el FBI. El principal servicio de inteligencia y policía federal estadounidense llevó adelante toda la investigación, justo después que el país norteamericano se quedará sin ser sede mundialista y perdiera la contienda ante Rusia y Qatar. Quizás este hito también explique el férreo alineamiento de Infantino con Trump.

Una vez que la noticia de la invasión de Estados Unidos a Venezuela recorrió el mundo entero, millones de personas comenzaron a exigirle a la FIFA, más que a la ONU, algún tipo de sanción. Probablemente porque es justo el país organizador del mundial, o, francamente, por el poder que conlleva el organismo: agrupa 211 federaciones de distintos países, 17 naciones afiliadas más que el total que integra la ONU. Lo sabemos, el fútbol es una herramienta poderosa de soft power. 

A partir de allí distintas hinchadas se manifestaron en las tribunas contra lo sucedido. La hinchada del club español Sevilla mostró una bandera que decía: “Yankees go home”; por su parte, los aficionados del equipo italiano Pisa colgaron una bandera detrás del arco con la frase: “Trump criminal: manos afuera de América Latina”; y hasta los famosos hinchas del club alemán Sankt Pauli mostraron una pancarta con la leyenda: “Neoliberalismo fuera de Latinoamérica”.

whatsapp image 2026 01 11 at 09.36.56

Resta ver hasta qué punto escalará el conflicto, pero la protesta por parte de los hinchas contra la doble vara de la FIFA predominó durante el último tiempo. El año pasado, el pedido de sanción a Israel por el genocidio en Palestina inundó las gradas con la campaña «Sácale la tarjeta roja a Israel», convirtiendo los estadios en un mar de cartones rojos que exigían justicia.

Esa misma fuerza de los aficionados ya se había sentido en el intento de boicot al Mundial de Qatar 2022. En aquel momento, la protesta estalló por las muertes de trabajadores en las obras de los estadios y la persecución a la comunidad LGBTIQ+. Sin embargo, esa vez el fuego lo encendieron principalmente las federaciones de fútbol y organizaciones sociales europeas. Dinamarca, por ejemplo, llegó a diseñar una camiseta especial como símbolo de protesta.

Hoy, el escenario cambia y la tensión toca la puerta de Europa. Ante la amenaza de Trump de invadir Groenlandia, surge la pregunta inevitable: ¿Qué hará Europa ahora que el conflicto le pega de cerca? ¿Volverán a usar el fútbol como una herramienta política o la «ética deportiva» sólo aparece cuando los problemas ocurren lejos de casa?

Scroll al inicio